La energía poderosa de un masaje holístico

El contacto corporal responde a una necesidad básica indispensable para el ser humano.

Desde el momento en que nacemos necesitamos el contacto con nuestra madre, tiene  una importancia  más vital incluso que el alimento, un bebé puede llegar a morir por el mero hecho de sentirse abandonado, no tocado o abrazado.

 

En la década de 1940 Rene Spitz realizó un histórico estudio en el que siguió por varios años a una serie de bebés que habían sido puestos en orfanatos, en lo que Spitz llamó «confinamiento solitario». Los niños vivían en cunas en compartimentos divididos por sabanas que colgaban de lado a lado del tal forma que sólo podían ver el techo. Cada tanto una enfermera pasaba a revisar cómo estaban y los dejaba con una botella de leche. Aunque la higiene de estos hogares era impecable, el 37% de los bebés en estos lúgubres hospitales murieron. Spitz comparó a este grupo con bebés que crecieron con sus madres pero en prisiones: en esos casos ninguno murió y pruebas más adelante mostraron un mejor desarrollo físico e intelectual – así pudo concluir que no se trataba de la higiene o del alimento, sino del cariño que brinda el cuidado maternal. 

 

El mero hecho poner las manos en contacto con el cuerpo, ya produce un efecto relajante, la musculatura se calienta y relaja, y si trabajamos con aceites esenciales y flores de bach, el efecto va a nivel energético. Mis manos  van dónde tu cuerpo lo necesita, simplemente escucho tu cuerpo sintiendo la energía y tratando de equilibrarla.

Si trabajamos a nivel de chakras o centros energéticos entonces  el efecto es aún más profundo porque cada centro está asociado a  diferentes partes del cuerpo físico, mental y emocional.

 

Pruébalo en una sesión, experimenta  ese descanso que nuestro cuerpo necesita, ese cuerpo que no escuchamos  y cuidamos lo suficiente.

Cuídate y quiérete.

 

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